Vínculo

Hay experiencias que marcan y personas que dejan huella. La experiencia gatillo puede ser placentera o dolorosa, pero experiencia al fin y al cabo.

Puedes levantarte una mañana, con toda la neutralidad de un día cualquiera, y no reconocerte al anochecer. Puedes sentarte en silencio en la comodidad de tu habitación y descubrir que es menos silencio de lo que era. Todo porque alguien, totalmente ajeno a ti, te ha demostrado que estás lejos de conocerte tan bien como pensabas sólo con ver cómo caminas.

¿Qué sientes?

Y, a partir de ahí, los recuerdos son borrosos, pero intensos. Apenas cuatro palabras para detonar toda mi entereza y provocar tantas lágrimas, cuya causa aún desconozco, que hubieron de mantenerse aún varias horas después. Una cosa sí sentí, aunque sin poder explicar de dónde provenía: liberación y calma. Desconocía que había un bloqueo en mi mente, pero lo sentí marchar; se rompió.

Fue una experiencia de tal calibre que días después aún lo tengo muy presente, tan presente como al maestro que me dio aquél -no tan leve- empujón.

El vínculo es mayor de lo comprensible, pero tan real como nosotros mismos.

Sólo resta decir: gracias.

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