Amaneceres

El amanecer de aquel día fue más rosado que de costumbre, y cuando el día llama a la sangre, es porque ésta ha de serle ofrecida.

Mi aldea no conoce la paz desde hace siglos; antes de que la palabra ‘siglo’ se inventara y extendiera, las disputas ya habían asolado la confianza de mis vecinos. No sólo hallábamos dificultades en la supervivencia con otras aldeas de la región, sino que dentro mismo de la población, la sangre era derramada con mayor frecuencia de la que podía explicar la razón.

Hoy sabía qué deparaba el día; hoy me acompañaría la Muerte.

[…]

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