Para no perder

La mayor y más acertada decisión de aquellos días y de las más de su vida.

– Exageras  -decía él.

– No, en absoluto. He sido feliz. -Masticó cada palabra para grabarla con fuerza- Si bien ha existido, y existe, esa emoción y ese entusiasmo momentáneos, temporales, como en el primer nosotros, lo que me ha acompañado ha sido otro tipo de dicha, más tenue en su expresión, pero más profunda, duradera y valiosa. De esos sentimientos que te hacen aferrarte, uñas y dientes, para no perder.

Y en este punto, serena como ninguna, se marchó. Cerró los ojos y caminó por el sendero de lo que perdura, donde el tiempo no es tiempo y las lágrimas son recuerdo, caricia y adiós.

Él, joven y dolido, nunca olvidó su olor.


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