Memorias para olvidar

Eran las 12 y acababa de terminar mi turno en la oficina. Tras el largo día de trabajo, decidí prescindir del taxi que solía coger y caminar hasta casa. Necesitaba respirar aire de verdad, y no el prefabricado de nuestro edificio.
Las calles comenzaban a estar pobladas por jóvenes en busca de la marcha que prometía una noche como esa. Viernes, media noche, cuna de la festividad, puente hacia el día siguiente para muchos.

Comencé a notar pasos tras de mí. Y digo notar porque, tras girarme, no pude ver a nadie; nadie que caminara por la misma acera que yo. De hecho, no vi a nadie que caminara en la misma dirección que yo. El camino se me estaba haciendo largo, más de lo normal. El cansancio me consumía las fuerzas y arrastraba los pies, como si pesaran tanto o más que mi maletín.

Muchos chavales se iban reuniendo en las puertas de los locales, esperando su turno para entrar.  Y mientras yo, poco mayor que ellos, prácticamente gateaba hacia casa buscando mi cama donde descansar hasta bien salido el sol.

Seguí mi camino, aun me quedaba un rato de paseo. A pesar de que tardaba un mínimo de 20 minutos largos en llegar al trabajo desde mi casa,  no me había decidido a trasladarme. Sólo pensar en buscar y papeles de por medio, ahogaban mis ganas y disfrutaba de mi colchón de siempre como si fuera nuevo.Volví a notar los mismos pasos en el mismo momento que volví mi mirada al frente de nuevo. Aparecían y desaparecían; mantenían mi ritmo, aceleraban o se retrasaban a mis pasos, haciéndose evidente su presencia, aunque seguían negándose a la vista.Aceleré, prácticamente corría.

El viento frío me cortaba la cara; dejé de disfrutar de ese “aire fresco” que anhelaba cuando decidí volver a pie. El maletín me golpeaba las piernas, provocando que cada vez las tuviera más doloridas.

Ya en el último tramo, tropecé. Intentando evitar un golpe mayor, solté el maletín e intenté frenar la caída con las manos, provocando las heridas que me marcarían durante algunos días. De rodillas en el suelo y en estado de shock, temblando de frío y miedo, intenté incorporarme, en vanoNo obstante, “¿y qué?“. Eso dejó de ser una preocupación en el mismo momento en que una mano cubrió mis labios acompañándose de un tenue susurro que versaba: “Ya tardabas…

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2 thoughts on “Memorias para olvidar

  1. Eeeeeey está muy bien, tiene el desarrollo clásico del relato de intriga.
    Os tengo que contar una de Hitchcock buenísima xD

    Si quieres te digo alguna cosa que se podría mejorar (en mi humilde opinión, claro está).

    Nos vemos enana 🙂

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