Cuando la pasión es la más fuerte de las armas

No nos veíamos desde hacía un par de años. Él, aquel que fue mi ángel, decidió que quería volver a casa. Quería volver a recorrer las calles de ese invierno constante; evadirse de todo aquello que le ataba a mi ciudad. Y, en tales circunstancias, ese todo me incluía a mí.

Por alguna extraña razón, había vuelto. Me llamó para decirme que estaba en camino, que volvía y que quería verme. “¿Verme?” –le dije. “Verte. Mañana estoy allí”. Sin más, colgó.

Al día siguiente, a final de la tarde, alguien llamó a la puerta. Abrí, sin percatarme realmente de la situación. Y allí estaba.

Me dedicó media sonrisa, aquella que tanto había añorado. “¿Cuántos años han sido, Zeus?”. “Unos cuantos, pequeña” –respondió. ¡Y qué extraño me sonaba ese “pequeña”!

Después del tiempo pasado y de la incomunicación a la que nos habíamos visto sometidos durante largo tiempo, todo volvía a una extraña normalidad. Hablamos durante horas, recordando y, por qué no, añorando el tiempo compartido. Serví una escueta cena y nos sentamos en el sofá.

Tras seguir aún un rato con los chistes, volvimos a la realidad. “¿Qué tal tu familia, pequeña? ¿A qué te dedicas ahora? Cuéntamelo todo”. Me observaba con la profundidad del océano, que casi me faltó ver a Poseidón rompiendo las olas.

Tras un breve resumen de todo lo acontecido, no pude evitar dejar caer una lágrima. “Tanto tiempo, tanto que contar y tanto que cicatrizar.”

Me levanté, con un “Lo siento; estoy tonta” entre dientes. Fui a lavarme la cara y a refrescarme; necesitaba despejarme. Tantas veces me sequé como lágrimas caían. Ya no podía controlarlo.

Finalmente, levanté la cabeza, encontrándome sus ojos a través del espejo. “¿Te ocultas?”. Y no pude decir mucho, tan solo aquello que tantas veces, hace tiempo, le había respondido a esa misma pregunta. “Sabes que sí”.

Se acercó despacio, apoyando su mano en mi cintura. Sentí un escalofrío, tal y como esos que describen en los libros de género rosa.

Sin mediar palabra, me hizo girar sobre mí misma, poniéndome de frente a él. Tenía una sonrisa irónica y los ojos a medio cerrar. “Desde luego… no cambias”.

Esbocé una sonrisa y, al hacerlo, una lágrima se topó con la comisura de mis labios.

Se acercó lentamente, besando mi frente varias veces a la par que me recordaba cuán fuerte debía ser. Poco a poco, sus labios descendieron, saboreando la sal ya cristalizada en mi piel. Alcanzó a rozar mi boca, que ya comenzaba a tener sed.

Su otra mano, hasta entonces ausente, rozó mis dedos. Temblaba; estaba tan nervioso como yo.

Comenzamos a caminar, sin poner ojos a la ruta. Guiándonos por mero instinto. Me choqué con el quicio de la puerta. ¡Qué raro! Las puertas… parecen cada vez más pequeñas. No importó.

Sin ser consciente de ello, él ya había soltado mi pelo, con el que jugaba mientras me besaba. Suspiré. “¿Segura?” –me preguntó. “¿Acaso alguna vez lo estuve?” –me limité a decir. No necesitamos más.

Me tumbó, delicadamente, sobre la cama, saboreando cada caricia otorgada. Deslizó sus dedos despacio, rodeando los botones de mi camisa, esperando conseguir mi permiso. Uno a uno, despacio, fueron desabrochados, dejando al descubierto un cuerpo con el vello erizado y una piel ávida de contacto. No se hizo desear.

En apenas unos segundos, que quizás fueron horas de esas que no se perciben, nuestros juegos de guerra habían comenzado. Me convertí en una prolongación de su cuerpo y, como bailando el más placentero de los vals, nuestros cuerpos se movían en sincronía; sutilmente, se deslizaban como las olas sobre la arena en la orilla del mar, a la que, poco a poco, va atrapando para sí.

Fuimos aliados en esa lucha en la que el triunfo no es más apetitoso que la derrota; donde quedar por debajo del otro, no era una humillación.

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3 thoughts on “Cuando la pasión es la más fuerte de las armas

  1. Uno de los mejores relatos que he leído (por no infravalorar a otros escritores) 😉
    ¿Critica constructiva? Imposible… Inmejorable…
    Consigues transmitir los sentimientos del momento… como si lo estuviésemos viviendo personalmente… ¡Me encanta!

    Mis felicitaciones “Sarusky” 😉

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